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martes, 16 de diciembre de 2008

Equilibrio entre vida personal y profesional

Vivir para trabajar o trabajar para vivir es el dilema ante el que se debaten cada día más ejecutivos y emprendedores en empresas de todo el mundo. Comparten su pasión por el trabajo con un nivel de estrés y presión elevados y un alto compromiso con la empresa, factores que acaban dominando sus vidas sin dejar lugar para nada más.

En Estados Unidos proliferan las asociaciones que promueven lemas como "trabaja menos y vive mejor", "la simplicidad voluntaria" o la "inorganización". Su objetivo es promover formas de vida menos dependientes de los ingresos económicos y el consumismo, para dejar tiempo al ocio, a la familia o a las aficiones personales y disfrutar de una forma más natural.

Hasta ahora, las empresas veían la flexibilidad como un beneficio social sólo para sus trabajadores. Disponer de flexibilidad a la hora de entrar y salir del trabajo, disfrutar de permisos para asuntos personales o la posibilidad de escoger las vacaciones según la conveniencia personal, se suponía muy ventajoso para el trabajador pero un perjuicio para el funcionamiento de la empresa.

Sin embargo, últimamente, surge con fuerza el convencimiento entre los directivos de Recursos Humanos de que la flexibilidad laboral también beneficia a la empresa. Fomentar el equilibrio entre la vida personal y la laboral repercute positivamente tanto en la eficacia empresarial como en el bienestar del trabajador.

Existe una cierta conciencia de que el buen directivo no es aquel que lo dejaría todo por atender a su trabajo sino aquel que sabe compaginar su vida personal y su actividad laboral consiguiendo un equilibrio que le beneficia personalmente pero que también repercute eficazmente en su desempeño laboral.

A pesar de esta creencia, las medidas de flexibilidad que ofrecen las empresas son en su mayoría minoritarias todavía, a excepción de la posibilidad de tiempo parcial y vacaciones flexibles.